El turismo activo y de aventura es aquel que “se practica sirviéndose
básicamente de los recursos que ofrece la propia naturaleza en el medio
en que se desarrolle, sea éste aéreo, terrestre o acuático”
No hay un perfil determinado de personas que se decanten por el turismo activo.
Generalmente, son hombres y mujeres con un nivel medio, incluso, medio-alto, de
entre 18 y 50 años, quines lo practican, según indica Ramírez,
quien asegura que últimamente se ha notado un incremento de la edad. No
obstante, reconoce que el mayor porcentaje corresponde a menores de 35 años,
que suelen decantarse por actividades de aventura.
Asimismo, comenta que, por regla general, las personas más jóvenes
son españolas, mientras que por encima de los 35 años se encuentran
extranjeros. Éstos últimos suelen estar más acostumbrados
a estas prácticas y, a diferencia de los nacionales, prefieren aquéllas
que duren más tiempo y que ofrezcan calidad, aunque eso suponga un precio
más elevado y que sean más intensas, no conformándose con
un “simple” descenso de barranco.
Conviene precisar que no es necesario contar con experiencia para la práctica
de este tipo de actividades ni con una preparación física especial,
basta con tener motivación y espíritu de aventura; el material,
los conocimientos y la seguridad necesarios serán aportados por los guías.
En definitiva, el turismo activo es practicado por todos los que sientan un especial
atractivo por la ruptura total con la realidad y busquen emociones que les permitan
salir absolutamente de la rutina. Y en ese posible grupo de usuarios se pueden
encontrar desde particulares, pasando por escolares, hasta trabajadores de una
empresa.
En cuanto a las empresas que utilizan esta fórmula para incentivar a sus
trabajadores, hay multitud de ellas y de todos los sectores posibles entre las
que destacan las grandes superficies comerciales o las empresas tecnológicas,
tanto de capital español como extranjero.