La historia del Palacio Domecq se remonta a 1773, cuando Antonio Cabezas de Aranda
y Guzmán, Marqués de Montana, solicita al Ayuntamiento de Jerez
licencia para construir su casa en el llano de San Sebastián, también
llamado de Santo Domingo. Los Cavalleros Veinticuatro, familia de regidores hereditarios
pertenecientes al cabildo municipal, otorgaron el permiso tres años más
tarde, en 1776, fecha del inicio de su construcción.
Fue construído con piedra de El Puerto de Santa María. Es de planta
cuadrada y de distribución casi simétrica. La amplia portada da
ingreso a su zaguán y éste al patio, situándose la magnífica
escalera frente a la puerta.
La fachada presenta dos plantas y dos cuerpos separados por un gran balcón
central con rejas de hierro forjado. Tanto éste como los balcones laterales
y las ventanas, están ricamente ornamentados, llamando especialmente la
atención las pilastras en chaflán y las columnas salomónicas.
Los motivos decorativos de la fachada muestran una inmediata influencia sevillana.
Las columnas y los arcos del patio, también con rasgos de influencia sevillana,
son de mármol rosa italiano.
Con respecto a la escalera, igualmente de mármol rosa italiano, vemos como
una triple arcada sobre grupos de cuatro columnas da acceso a las dos subidas,
quedando en el centro un paso para el jardín.
El segundo cuerpo del patio presenta una arquería abierta, aunque posteriormente
fué cerrada y provista de balcones.En el patio y portada aparece lo que
se denomina “imprevistas fantasías”. El portal tiene columnas
salomónicas sesgadas, medallones de perfil plateresco en el dintel, entablamento
de curvas invertidas y heraldos sentados en el marco superior de la ventana.
Las columnas toscanas del patio, sobre basas como cojines elásticos, sostienen
una arcada de listados y ondeados arcos, cuyas impostas parecen capiteles jónicos
invertidos. La entrada de triple arco en la escalera de rampa convergente elabora
el esquema del patio. El listado perfil del arco está cortado al bies sobre
los tramos que se elevan. Las columnas toscanas son duplicadas y cuadruplicadas.
La rampa central se eleva sobre un ingenioso paisaje, el cual termina en la fachada
del patio en una bóveda absidial que se apoya sobre pechinas.
El Palacio, cuyo nombre primitivo fué Casa Montana, fué diseñado
por Antonio Matías de Figueroa, maestro barroco sevillano, y finalizado
en su construcción en 1778.
El Marqués de Montana habitó el Palacio tan sólo durante
siete años, pues falleció en 1785, cediéndo su esposa su
propiedad y el resto de sus bienes al Cabildo Colegial. La desamortización
de Mendizábal haría que el edificio pasara nuevamente a manos privadas,
quedando finalmente sin dueño hasta que, en 1855, es adquirido por Juan
Pedro Domecq Lembeye, pagando por él algo más de medio millón
de reales de vellón.
A la muerte de Juan Pedro Domecq, en 1869, el Palacio pasa a ser propiedad de
su hijo adoptivo Juan Pedro de Aladro Domecq y, tras el fallecimiento de éste,
su viuda lo vende junto con su participación en la Bodega, a los hermanos
Domecq Núñez de Villavicencio, hijos de Pedro Domecq Loustau, por
una renta vitalicia.
Desde 1920, varias generaciones de la Familia Domecq habitaron el Palacio hasta
que, en 1964, pasa a ser propiedad de la Bodega que encarga su restauración
al arquitecto Vicente Masaveu. De esta forma, el insigne edificio pasa a convertirse
en sede de representación de la Compañía, dejando atrás
su uso como residencia familiar, al mismo tiempo que fué dotado de instalaciones
confortables y apropiadas para alojar huéspedes de especial importancia
para la Empresa. Podemos decir que, hablando del Palacio Domecq, nos referimos
a un modelo más acabado de la típica casa señorial andaluza
(jerezana) del siglo XVIII.
En la actualidad, además de su función de alojamiento de personal
ejecutivo del Grupo, el Palacio es sede de reuniones y acontecimientos internacionales
de Allied Domecq, acogiéndo multitud de eventos cada año, lo cual
está permitiendo que Jerez y las Bodegas Pedro Domecq hayan adquirido un
gran protagonismo y representación a nivel mundial.
El binomio Palacio-Bodegas, por lo que su simbolismo y presencia suponen para
la Ciudad, constituye un referente nítido de la herencia patrimonial y
el legado histórico y arquitectónico de Domecq Jerez.