
Desde su fundación a finales del siglo XV, el monasterio de la Cartuja
se convirte en piedra angular de la crianza del caballo jerezano. Durante tres
siglos, que coinciden con los de máximo esplendor del reino de España,
los monjes cartujos constituyen una yeguada que con el tiempo se convertirá
en una de las más célebres y apreciadas del mundo. Su esmerada labor
ganadera, asentada en torno al espléndido edificio renacentista y en el
marco excepcional de clima y fertilidad, donde también se crían
los universales vinos de Jerez, se ve interrumpida a inicios del Siglo XIX, a
causa de la guerra de la Independencia y coincidió con los años
de esplendor de España y, en consecuencia, de sus caballos.
En 1810, después de la huida de los monjes de la Cartuja, la legendaria
yeguada es salvada de la que hubiera sido una irreparable dispersión por
el presbítero Pedro José Zapata que compra 60 yeguas y 3 caballos
de los mejores ejemplares y los oculta en la "Breña del Agua".
A partir de estos caballos se forma lo que en la actualidad se conoce como Yeguada
de la Cartuja - Hierro del Bocado. El hierro del Bocado, diseñado por Zapata
para marcar los animales, provenientes de la Yeguada de los Cartujos, ha dado
nombre a esta prestigiosa ganadería.
Don Pedro, y su hermano Don Juan José se hacen cargo de la Yeguada hasta
la muerte de Don Juan, cuando pasa a las manos del hijo de éste último
hasta su muerte en 1854. Es entonces su viuda, Doña María Romero,
quien toma las riendas de la misma.
Después de las tribulaciones pasadas por la yeguada desde el siglo anterior,
en nuestros días los caballos cartujanos encuentran un asentamiento estable
en la Finca Fuente del Suero y pasan a formar parte del Patrimonio del Estado,
encargado de preservar y difundir la riqueza genética de estos ejemplares
únicos.